Sobre Sólo Resta Sumar
El Robot Bajo El Agua
(EF008)
Página 12 - Suplemento No - 17.05.2007 - Por Cristian Vitale
Una alegoría —propia— lo define mejor que mil palabras:
“A veces el mar no produce olas”. Es que el disco opera
como una progresión serena de lo que alguna vez fue Jaime Sin
Tierra... un conglomerado de resonancias setentistas, lindes low fi,
psicodelia pop y búsqueda virginal. El dúo, integrado
por Nicolás Kramer —ex cantautor de JST— y Lucarda
propone instrumentación atípica, climas inesperados, cuelgues
calmos y mucha ambientación. Pero el track 8 rompe todos los
moldes: ¡se llama Iorio! “Como diría Iorio / sé
vos / nomás / dame un beso y vámonos de este mar / para
no regresar”, dice la letra. Y una voz de cantante femenina de
ópera ensalza el estribillo —Iooooorio— sobre loops.
Escuchar para creer... Muy bizarro.
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super45.cl - 05.01.2007 - Por Enrique Nuñez
Richie Tenenbaum era un buen tipo, pero tenía un problema; estaba enamorado de su hermanastra. Sebastián Kramer escribió una canción y se la dedicó a Richie Tenenbaum. Sebastian Kramer no estaba enamorado de su hermanastra, pero si quiere mucho a su hermano Nicolás Kramer. Nicolás Kramer es músico igual que Sebastián, pero no le dedicó una canción a Richie Tenenbaum. Nicolás y Sebastián Kramer formaban parte de la banda argentina Jaime sin Tierra. Sebastián toca la guitarra y Nicolás canta. Nicolás y Sebastián ahora tienen cada uno su propio disco. Y Richie Tenenbaum ahora tiene una canción.
En Sólo Resta Sumar, el disco de El Robot bajo el Agua, banda de Nicolás Kramer, nos enfrentamos a una base electrónica constante, que hace honor al título de la placa, porque funciona como un ritmo submarino que hila las canciones, lo que corre el riesgo de cansar a melómanos impacientes.
El material toma sin mayores prejuicios elementos kitsch, como sonidos sacados de video juegos, arpas y coros angelicales mezclados con melodías que dialogan con la balada romántica, junto a la particular voz de Nicolás y conforman un conjunto difícil de definir, ya que no queda del todo claro si es que estamos ante un ejercicio de estilo o ante una canción conectada directamente con los sentimientos del artista. Lo mismo ocurre con las letras, en un momento nos enfrentamos a frasecitas lúdicas que se quedan en lo simpático: “El universo es una pista de baile/ y nosotros somos los parlantes”. En otro nos topamos con versos que pecan de melosos: “Sintiendo el perfume de tu flor/ ya no hay demarcación entre la madriguera y el ratón”. Y en otros nos encontramos frente a imágenes potentes: “Si supieras las ganas de abrazarte que tengo/ dejarías a tu novio bailando solo”.
La irregularidad hace del disco un trabajo arriesgado, con canciones
que en su mayoría te tendrán tarareando toda la semana,
pero entre las que se cuelan piezas que te dejan helado. Es posible
que ese sea el espíritu que Nicolás Kramer quiso darle
a su trabajo; ya en la portada del disco vemos una combinación
de objetos disímiles en un patio que puede ser la vida misma,
al que sólo resta sumarle más, pese a sus contradicciones,
como un robot bajo el agua.
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Revista Pimpa (Uruguay) - Por Agustina Larrea
Después de dos años de editar en simultáneo La
óptica espacial desde el corazón y Destrabando
la palanca (2004) volvió El Robot Bajo El Agua, el proyecto
solista de Nicolás Kramer, uno de los mentores de esa linterna
para el indie argentino -mayormente incomprendida, a veces directamente
ignorada- que fue hacia fines de los 90 la banda Jaime sin Tierra.
En algunas entrevistas Kramer, que vive la mayor parte de su tiempo
en Barcelona, se encargó de destacar que con Sólo
resta sumar buscaba salir de la solemnidad de sus discos anteriores
y de Jaime sin Tierra para tomarse menos en serio. El nuevo disco logra
por momentos ese clima que apenas se esbozaba en La óptica…
(en la tiernísima y a la vez descarnada canción Marta
y Néstor) y lo lleva como bandera a veces de manera atinada
y otras abusiva. Sin embargo Kramer sale airoso y sigue entregando desde
su voz, desde la base rítmica compuesta apenas por una misma
pista de batería un poco sucia y desde los juegos con palabras
un grado de despreocupación saludable.
rock.com.ar - 04.09.2006 - Por Matías Peluffo
El tercer disco de El robot bajo el agua repite un clima de sobriedad,
intimidad y lugubrez
Suena a disco compuesto en una computadora por un ermitaño que hace dos años que no juega al fútbol excepto vía Playstation. Los diez tracks de "Sólo resta sumar", de El robot bajo el agua, tienen bases de batería electrónica, preponderancia de guitarras acústicas, capas eléctricas disgregadas y un pianito sobre el cual Nicolás Kramer canta susurrando como para que no se queje la viejita de abajo. Lucarda y Kramer (ambos ex Jaime sin Tierra) muestran un pequeño mundo de cuatro paredes pero dan luz verde para revisar los rincones de su intimidad.
"Somos los parlantes" es la primer canción; cuando empieza obliga marcar con el pie, incluso parece que invita a bailar. Pero al promediar, el clima se pone siniestro y para cuando termina parece que la letra es un monólogo escrito (y cantado) por el loco de Belgrano. Le sigue "Asistencia", algo así como un miembro amputado de la anterior. A los ¡siete! minutos de duración de "Comidita", una especie de psico bossa indie, no le hubieran venido mal un poco de vivacidad o quiebres melódicos. "Algo" es una canción que invita al adulterio cómplice con una efectiva armonía acústica que les permite marcar el punto más memorable del disco. Cerca del final hay una plácida brisa sonora que se llama "Iorio" que si llega a ser escuchada por el metalero corre sangre seguro. "Madriguera" es el momento más vacío del disco: una melodía desde un pianito es lo único que musicaliza el momento en el que se abre un corazón.
Casi todo el álbum repite una ambientación lúgubre, una vocalización frágil, casi lastimosa, y un dinamismo austero. La batería electrónica marca el ritmo con tan poca energía que provoca una filtración de monotonía a la atmósfera generada por las composiciones. Si bien el marco y las texturas sonoras llegan a resultar tediosas, no deja de ser rescatable que los artistas intenten armonías tan personales. Y es un punto a favor la despreocupación de los autores al dejarse observar sin filtros pese a su diminuta desnudez.
Si la intención fue hacer un disco freak, lo lograron: hay una
canción cuya letra habla de una cámara digital. Si lo
que quisieron hacer es algo claustrofóbico, también: parece
compuesto, grabado y hecho para escuchar en una computadora. Parecería
que el mayor afán fue la creación de una estética
sobria, pero el intento terminó resultando algo insípido.
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La Nación - Revista Ticket - 11.08.2006 - Por Sebastián Espósito
Consecuencia natural de la desarticulación de Jaime Sin Tierra, El Robot Bajo el Agua es el nuevo proyecto de Nicolás Kramer, vocalista de la banda que fuera comparada hasta el hartazgo con Radiohead. Y su coequiper es el primer batero de Jaime, el "ingeniero" Lucarda. Juntos ya dieron forma a dos discos grabados con urgencia indie y ahora van por esta tercera muestra. La voz se luce en las sombras de la desolación, mientras que la repetición de sonidos y melodías alcanzan categoría de mantra.
Revista Rolling Stone - 06.2006 - Por Patricio Orellana
Tres estrellitas
La desolación espacial encuentra su torre de control
EL ROBOT BAJO EL AGUA ES el proyecto con el que Nicolás Kramer
y Lucarda continuaron grabando canciones tras la disolución de
su anterior grupo, Jaime Sin Tierra. A lo largo de su obra, la banda
forjó cierto ideario de la catástrofe: estados de ánimo
metaforizados en aviones o autos estrellados, que arrojaban al adolescente
a una triste reclusión en su casa, en su cuarto, en su tan singular
y delicada mente. El Robot Bajo El Agua, en cambio, despliega saludablemente
otras formas.
Por empezar, en la estructura de sus discos: la serie de canciones se
extiende sobre un sencillo ritmo llevado por una base electrónica
que marcha constante, casi sin interrupciones, apenas modificándose
entre tema y tema. Pero sobre todo, ese desenvolvimiento se hace patente
en las letras: desde la conversión confesada en “El sistema“
(“con el tiempo aprendés a bailar las canciones que en
su momento te hicieron llorar” en Destrabando la palanca, 2005),
pasando por el bello relato de “Marta y Néstor” (en
La óptica espacial desde el corazón, 2005), Kramer pareció
dejar de necesitar poner la lupa en una primera persona que, en la línea
de “Creep“ (Radiohead, Pablo Honey, 1993), exageraba el
drama de su falta de adaptación, y al fin pudo escribir más
sencillo y cantar más coloquialmente. Uno de los temas de su
último disco, Sólo resta sumar, lo resume claramente:
“es un chabón, como todos los demás” (“Comidita”).
Esta simpleza funciona como una liberación que habilita, además,
una gama nueva de tonos y timbres que colorean los momentos más
altos del disco. El álbum empieza sorpresivamente con dos tracks
más oscuros, graves y ásperos, como los que habíamos
escuchado en sus anteriores eps. Se diseminan más adelante sonidos
de teclados infantiles y el dúo recuerda a The Sophtware Slump
de Grandaddy (2000). Sobre el final, la balada “Madriguera”,
al borde de un piano encantador, nos hace olvidar la obscena simbología
de la letra y agradecer a quien haya destrabado la palanca.
Ciudad.Com - Por Marcela Mazzei
En el ya clásico Ciclo Nuevo!, la banda presenta en vivo su último disco "Sólo resta sumar" con canciones indie rock en continuado, y la voz de Nicolás Kramer como marca personal.
Su recién estrenado disco Sólo resta sumar, además de un CD con cuidada edición y arte de tapa kistch, es un indicio. Particularmente del sonido (una sola base rítmica, canciones en continuado) y una forma de producir (evidentemente indie) que ya se vislumbró en los dos anteriores (La óptica espacial desde el corazón, del 2003; y Destrabando la palanca, del 2004). Una marca de fábrica que El Robot bajo el agua, la banda de Nicolás Kramer, lleva consigo a todas partes. También a la fecha de esta noche del Ciclo Nuevo!, que oficia de presentación del nuevo disco. Nacido en paralelo a Jaime Sin Tierra, a la que Nicolás y Lucarna –su coequiper en esta nueva aventura musical– pertenecieron, El Robot… repite e insiste en las bases, con toques glam, letras simples y sensibilidad melanco de estos tiempos. Esta vez con diez tracks. Nicolás Kramer arriesga respuestas para este proyecto musical-vital que promete llenar la Sala Muiño del C.C. San Martín.
¿Hay algún cambio en Sólo resta sumar respecto a los dos anteriores
en cuanto a la temática, la forma de producirlo...?
No hay grandes cambios. De hecho, hemos grabado tres veces el mismo
disco con distintas canciones. Trabajamos montando todos temas sobre
la misma base rítmica y argumental.
¿Cómo fue que grabaron el primer disco en menos de diez días?
Fácil. Uno tiene una cantidad de canciones que le gustaría grabar, gente
con la cual hacerlo, una máquina, un micrófono y entre un mate y otro
se graba. No creemos en las grandes producciones ni tenemos acceso a
ellas. Grabamos como podemos.
¿Y cómo se traduce esa experiencia en los shows en vivo?
En vivo, en estudio y en los discos trabajamos sobre una pista continua
sin silencios: uniendo y desuniendo, atando y desatando, subiendo y
bajando, quedándonos quietos y viajando.
¿Qué debería proyectar un VJ en la pantalla durante un show de El robot...?
Tocamos en vivo con bateristas invisibles o proyectados sobre una pantalla
cuando el lugar lo permite.
¿Ese "robot" se refiere a la forma de componer con máquinas?
El robot es uno mismo en cuanto se da cuenta que sus propias reacciones,
respuestas y contenidos funcionan como una máquina. La banda es una
excusa.
¿Y a qué se debe que los temas del disco están encadenados unos con
otros sin espacio entre cada track?
¿Acaso la vida de uno se separa en episodios o es vivida como una totalidad?
Nuestros discos reflejan nuestra manera de vivir o al menos esa es nuestra
intención, si es que existe una intención.
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