Sobre "Oui!"
Juan Stewart
(EF011, 2007)
Los Inrockuptibles (177) - 09.2007 - Por Ariel Valeri
Juan Stewart, el ex bajista de Jaime sin Tierra, regresa con Oui!, otro gran disco de carácter instrumental. Paisajes cinematográficos y una instrumentación mucho más orgánica.
“No, no conozco The Sea and Cake, ni sabía del nombre
de su disco.” La primera sorpresa es la que permite despejar las
primeras dudas, como para que nada se preste a la confusión.
The Sea and Cake, una banda de post rock con asiento en Chicago, tiene
un disco llamado Oui, el mismo nombre que Juan Stewart eligió
para su tercer trabajo en solitario. Pero esta coincidencia excede al
nombre: podría llegar hasta el mismísimo sonido de ambos
artistas, suficiencia instrumental y calidez absoluta, creadores ante
todo de climas magnéticos que reconfortan el espíritu.
Pero el ex bajista de Jaime sin Tierra –esa banda del indie local
que muchos aprendieron a extrañar en silencio– aclara todo
desde un principio y marca una diferencia sin sonrojarse ni caer en
la falsa modestia: “Hace un tiempo escuché algunos grupos
de la escena de Chicago, algunas cosas me gustaron y otras no. Creo
que, de todas maneras, mi propuesta es mucho más simple e ingenua
en lo armónico y en lo rítmico que la de ese tipo de bandas”.
Bajo el nombre de Oui! (sí, el suyo lleva un signo de exclamación),
Stewart tiene posiblemente en sus brazos a uno de los mejores trabajos
realizados en este 2007 que empieza a desvanecerse sin demasiadas sorpresas,
marcado más bien como un año de retornos monumentales
que parecen eclipsar cualquier atisbo de novedades y visitas foráneas,
de esas que se reclaman e imploran hasta el cansancio. Para contrarrestar
este extraño universo del eterno recuerdo, sólo basta
levantar un tanto la vista y percibir que artistas como Juan Stewart
siguen dependiendo de ellos mismos, casi siempre con resultados satisfactorios,
por fuera de la cadena comercial. Al igual que en El silencio de las
cosas (05), Stewart prefiere no cantar y vuelve a dejar en claro que
su música no conlleva la necesidad de una voz por delante de
las bases instrumentales, siempre económicas y llevaderas, aunque
los temas de este disco resultan mucho más melódicos que
los de su antecesor. Por fuera de la música, y ante el requerimiento
de algunas palabras que expliquen esta decisión, una escueta
respuesta vuelve para despejar otra duda: “Me gusta mucho la música
instrumental”. Hace dos años, bajo este mismo interrogante,
Stewart confesaba que, en realidad, mucho para decir no tenía.
Ahora, sin humildad de por medio, parece asomar el tiempo de desarrollar
aún más un gusto personal que va más allá
de las letras y las palabras. A simple escucha, Oui! se revela como
la búsqueda orgánica que este solista pudo haber emprendido
para musicalizar de manera más “grupal” su propia
idea de la música instrumental. “No tengo para nada claro
cómo van a quedar mis discos hasta que los termino. Este disco
también podría ser una banda de sonido, suponiendo que
el anterior lo haya sido”, explica a la hora de analizar un poco
su oficio en el desarrollo de las ideas. Si bien la idea de grupo se
percibe a lo largo del disco –en mayor medida en los pasajes rítmicos–,
aquí sigue sin aparecer una banda estable que reemplace su nombre
y apellido. Sólo hay amigos que colaboran en un proyecto que
podría haber sido propio en mayor o menor medida. “En el
proceso de grabación, sobre todo al comienzo, la banda fue un
aporte fundamental. Después seguí solo. Creo que el disco
suena mas a gente tocando que el anterior. Javier Diz, Fran Carosi,
Sebastián Kramer y Mariano ‘Manza’ Esain son los
que integraron esa banda.” Desde su estudio casero –el búnker
donde también suele oficiar de productor–, Stewart no ha
encontrado inconvenientes para desdoblarse en las tareas de la composición
y, sobre todo, de la producción de su propio trabajo: “Tuve
inconvenientes, pero sólo por momentos. A veces delegaba un poco
en Manza, un genio con una visión muy clara de la música.
Así todo resultó más fácil: la mayoría
del tiempo yo era el productor y, cuando se me cruzaban las tareas de
músico y productor, simplemente pedía ayuda”. Gracias
a ese elenco itinerante y generacional, las canciones de Stewart –largos
desarrollos instrumentales dignos de un cálido hipnotismo–
adquieren una conducta mucho más flexible. Sale abre tímidamente
el disco y avanza, tomándose su tiempo, hacia un paraíso
de indietrónica guitarrera, como si The Postal Service no necesitara
del correo para el montaje de sus temas y viviera recluido en algún
lugar perdido de Colegiales. También Domaj y su aparente ingenuidad
recrean un descanso acústico propio de un soundtrack con intenciones
meramente ambientales. Pero lo dijimos: aquí todo es más
guitarrero y el ambiente también se distorsiona amablemente.
Las mismas sensaciones de placidez se repiten en Noviembre y Giovanni
el vaquero. Y, en el medio de ellas, aparece Madrigal con un ritmo acelerado
y un bajo punzante –casi como si fuera un pequeño recreo
bajo el cielo soleado de Manchester–, con un final astuto y brillante,
marcado por el pulso necesariamente más vital del krautrock.
Lo mismo sucede en temas como Bananas verdes y Si hay bulla no hay futbolín,
situados en lo más alto de un disco nunca deja de estar inspirado.
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