Sobre A dolores que percibió la
grandeza
El Robot Bajo el Agua
(EF025, 2010)
Revista Los Inrockuptibles - 04.2010 - Por Ariel Valeri
Desde el exilio, Nicolás Kramer edita el quinto disco de su
alter ego.
Hace ya un buen tiempo que las ambiciones no forman parte del universo
de Nicolás Kramer. Ni por asomo podría llegar a considerarse
a El Robot Bajo el Agua una
especie de Gorillaz latino (acá no hay estrellas ni deidades
que banquen la parada) que privado de egocentrismo y corriendo siempre
el foco en dirección al concepto de la obra evita el lugar
tan seductor de ser un músico de culto. El manifiesto de Kramer
bien podría completarse con la desaparición de su persona
por completo, entregando el broche de oro a esta rara avis del rock
independiente nacional. Este androide de la canción seguramente
tenga más puntos de contacto con Jason Lytle, uno que empacó
hacia la montaña, desarmó Grandaddy, y continuó
con su interesante travesía
personal. Kramer eligió Barcelona hace varios años,
aterrizando en Buenos Aires para presentar sus correspondientes discos.
Pero que nadie quite su dulce voz del medio, la que conduce el absurdo
de la obra, engañando por su aparente melancolía. Así
es, desde la Hallibour Fiberglass Sereneiders de Alfredo Casero, que
nadie se tomaba el trabajo de provocarnos tal incertidumbre: ¿es
o se hace?
Nos indignamos como dos vecinas crispadas o simplemente disfrutamos
una canción con “mensaje”. Atentos a La Moto: “Tampoco
suma que declares que mi moto es una cafetera, lo que mataría
es que me ayudaras a sacarla a la carretera, ¿a quién
no se le quedó el motor alguna vez, y no sabiendo nada de mecánica
tuvo que esperar que pasara alguien
que tal vez lo pudiera ayudar, o al menos lo pudiera remolcar, hasta
un lugar desde
donde pudiera de nuevo arrancar”.
Como todo buen predicador de canciones, sabe que las enseñanzas
pueden resultar más atractivas si la metáfora no nos
cae como un inmenso bloque de moral. Como De Frente, otra de “mensaje”,
otra que la rompe.
Si bien la estructura de track continuo se repite como en todos sus
trabajos, A Dolores que percibió la grandeza ya viene reclamando
ser lo más interesante de
un músico austero, de pocos caprichos y con una voz siempre
a punto de estallar
en lágrimas. Como en Popo, un psicodrama intenso, visualmente
original y escatológico,
o A puro muñeco, una oda a la vida lenta. Sobre el final, Dejala,
o la continuación
de su próximo trabajo. Una buena manera de cerrar un disco
dando comienzo a otro.
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